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· La Biblia de Bach

© 2026 Josep Marc Laporta

     1-     El hallazgo
2-    El descubrimiento
3-    La sorpresa
4-    La validación
5-    La ubicación
6-    El olvido
7-    El proceso
8-    La autenticación
9-    El laboratorio
10-  La voz
11-    Las deducciones

            1- El hallazgo

        Fue en el mes de junio de 1934 cuando, con ocasión de una reunión del Sínodo de la Iglesia Luterana de Missouri celebrada en la pequeña ciudad de Frankenmuth, un delegado de distrito eclesial, el pastor Christian Riedel de Detroit, se alojó en casa de un primo suyo, Leonard Reiche, granjero de avanzada edad. Durante la estancia, Leonard le mostró una Biblia que su padre, emigrante alemán de Württemberg, había comprado en Filadelfia hacia 1847. Al morir el progenitor en 1879, aquella Biblia quedó en su posesión, aunque sin prestar atención al añadido valor histórico del libro. Durante su estancia en casa de su primo, Christian Riedel se dio cuenta de que aquella Biblia de grandes dimensiones resultaba ser el tercer volumen de la llamada Biblia de Calov.
        Johann Abraham Calov (o Calovius) (1612–1686) fue un destacado teólogo y filósofo luterano alemán, reconocido por ser el principal defensor de la estricta ortodoxia luterana en el siglo XVII. Entre otras obras teológicas y filosóficas, Calov editó la Grosse Teütsche Bibel, la Gran Biblia Alemana en tres volúmenes (1681-1682), que contenía, además del texto bíblico, extensos comentarios con una recopilación de los escritos de Martín Lutero (1483-1546), ordenados adecuadamente con relación a los pasajes sagrados.

            2- El descubrimiento

        Mientras Christian Riedel observaba detenidamente aquel tercer volumen de la Biblia de Calov, sus ojos se detuvieron en el ángulo inferior derecho de la página del título: un monograma con las letras J. S. Bach y la inscripción 1733. Al parecer, ni Reiche ni su padre habían advertido este detalle. Después de haber leído diligentemente y durante años aquella vieja Biblia de Calov, nunca habían imaginado que podría haber pertenecido a tan ilustre propietario. La escritura a mano de las iniciales y el apellido de Bach junto al año, tal vez de adquisición, desvelaba que muy probablemente estaban ante un ejemplar único. Pero sólo tenían un volumen de los tres que componían la Biblia de Calov. Faltaban dos. Meses más tarde encontraron en una caja perdida en el desván del granjero Reiche los otros dos libros. Sin embargo, la pregunta que se formulaban Christian Riedel y su primo era si en los dos tomos faltantes encontrarían el mismo monograma y la fecha. Y así fue. Al igual que el primer volumen, los tomos II y III tenían el monograma prácticamente idéntico: J. S. Bach, y la fecha 1733 en la página interior del título.

            3- La sorpresa

        Cuando Riedel y Reiche se introdujeron en el grueso textual de los libros, examinando numerosas páginas de la Biblia de Calov, saltó la sorpresa. Aparte del monograma J. S. Bach y el año al principio de los tres tomos, en más de 250 páginas aparecieron diversos comentarios marginales escritos de puño y letra, presumiblemente por Johann Sebastian Bach (1685-1750), relacionando la música con el culto divino. También aparecían correcciones ortográficas e inserciones de textos faltantes. Pero lo que más abundaba eran subrayados y comillas en la parte del comentario teológico de Calov, hechos en tinta negra y roja, predominando las de tinta negra.
        Sin embargo, las anotaciones más interesantes tenían que ver con textos bíblicos alusivos a la música y al culto. Escrito al lado de Éxodo 15:20 se podía leer el siguiente Nota Bene: Erstes Vorspsiel. auf 2 Chören zur Ehre Gottes zu musicieren (Primer preludio, para ser interpretado a dos coros para la gloria de Dios).

 

        En el margen de 1ª Crónicas 25:7-31: Dieses Capitel ist das wahre Fundament aller Gottgefälligen Kirchen Music, etc. (Este capítulo es el verdadero fundamento de toda la
música sagrada, etc.).
        Al lado de 1ª Crónicas 28:21 la siguiente NB: Ein herrlicher Beweis, dass neben anderen Anstalten des Gottesdienstes, besonders auch die Musica von Gottes Geist durch David mit angeordnet worden (Maravillosa evidencia de que, aparte de otros tipos de adoración, la música en particular fue ordenada por el Espíritu de Dios a través de David).

 

        Y en 2ª Crónicas 5:13: Bey einer andächtigen Musique ist allezeit Gott mit seiner Gnadengegenwart (En la música devota, Dios está siempre presente con su gracia).

            4- La validación

        La confirmación de que aquello podía ser un descubrimiento trascendente llevó al pastor Riedel a consultar por carta a su amigo, el pastor Paul Sauer (1898-1964), quien entonces era el presidente del Coro Bach de Chicago. Tanto Riedel como Sauer conocían el ensayo pionero de Hans Preuss (1876-1951) titulado Bibliothek, publicado en Leipzig en 1928, de manera que escribieron al autor, residente en Erlangen, y también a Karl Straube (1873-1950), Kantor de Santo Tomás de Leipzig, para realizarles varias consultas sobre el tema. A pesar del gran interés suscitado, las respuestas no fueron nada categóricas y sí muy dubitativas. No obstante, el descubrimiento se hizo público en marzo de 1935, año del 250º aniversario del nacimiento de Johann Sebastian Bach.

        Mientras tanto, los pastores Riedel y Sauer escribieron un artículo que apareció en la revista alemana Der Lutheraner (vol. 91), y Preuss publicó en Erlangen un breve estudio titulado Johann Sebastian Bach der Lutheraner. Y otro primer estudio en inglés escrito por Henry George Hoch (1896-1971), titulado Lost Volume of Bach Found in Thum Home, apareció en 1935 en el rotativo Detroit News.

            5- La ubicación

        Aquella Biblia de Calov, que según los primeros indicios podría haber pertenecido a Bach, aún seguía en manos del granjero Reiche. Pero tanto Riedel como Sauer intentaron persuadirlo para que donara la Biblia al Museo de la Casa Natal de Bach en Eisenach. Sin embargo, Leonard Reiche, consciente del clima político en Alemania a mediados de los años treinta, se negó y en 1938, al cumplir 79 años,
decidió entregar los tres tomos a la Biblioteca 
Ludwig Fuerbringer del Concordia Seminary, principal centro de la Iglesia Luterana en St. Louis, Missouri.
        La Biblia de Calov es una Biblia en alemán con comentarios extractados mayoritariamente de los escritos de Martín Lutero (1483-1546), preparada y publicada en Wittenberg durante los años 1681 y 1682 por el teólogo Johann Abraham Calov (1612-1686). Su impresión es en folio vertical de 33 x 19,5 cm, y los tres volúmenes están encuadernados en cuero de chancho, encontrándose en excelentes condiciones. Originalmente, las cubiertas tenían ganchos que servían de cerradura y, en total, los tres volúmenes contienen 4355 páginas.
        Un dato historiográfico adyacente e interesante es que EE.UU. atesora más manuscritos autógrafos y fuentes primarias de Bach que cualquier otro país del mundo, evidentemente fuera de la tierra natal del compositor. Estos tesoros están dispersos a lo largo del territorio en 30 enclaves diferentes. Una reseña de estas fuentes de Bach enumera al menos 19 manuscritos, 55 partituras de ejecución originales, además de otros escritos autógrafos, entre ellos cartas, recibos y hasta un retrato del compositor pintado del natural. Entre estos documentos se encuentra la Biblia de Calov, la fuente de Bach más antigua en los EE.UU.

            6- El olvido

        Aquella Biblia de Calov, que supuestamente había pertenecido a Johann Sebastian Bach, permaneció durante más de treinta años totalmente ignorada en la Biblioteca Ludwig Fuerbringer del Concordia Seminary. En realidad, estuvo perdida, incluso para los propios bibliotecarios, que no tenían idea de su paradero y, en algunos casos, de su existencia. Pero gracias a la mudanza de la antigua biblioteca a un nuevo edificio dentro de las instalaciones del Seminario, en 1961 se encontró de nuevo, rescatándose de la negligencia acumulada de tres décadas.
        Tras su redescubrimiento, pocos años más tarde, en 1969, el estudioso alemán Christoph Trautmann (1933-1984), de Berlín, convenció al Concordia Seminary para que cediera la Biblia en préstamo a fin de ser exhibida públicamente en una muestra dedicada a los libros de Bach, que se celebraría en la ciudad de Heidelberg en el 44º Festival Bach. Finalizado el evento, Trautmann, como miembro del comité ejecutivo de la Neue Bachgesellschaft, pidió al Concordia Seminary la autorización para retener la Biblia a fin de estudiarla a fondo durante un año, devolviéndola en el plazo indicado al Seminario de St. Louis, Missouri.

            7- El proceso

        Antes de profundizar en la Biblia de Calov, en su datación y en la verdadera historia que ocultaba tras el monograma y los apuntes escritos a mano, Christoph Trautmann escribió un artículo en la revista Musik und Kirche que llamó la atención de investigadores de todo el mundo. Los expertos sabían muy bien que cuando Bach murió se hizo un recuento de todas sus posesiones, de su música, sus manuscritos; y entre el listado había una mención a su Biblia personal.
        El inventario detallado de los bienes de Johann Sebastian Bach realizado poco después de su muerte en 1750 enumeraba, entre otros artículos, una biblioteca teológica de más de ochenta volúmenes. Y encabezando la lista destacaba Calovii Schrifften 3. Bände (Escritos de Calov, 3 volúmenes), referencia a la Biblia comentada.
        Al dividirse los bienes entre los herederos, su viuda y los nueve hijos sobrevivientes, la Biblia de Calov pasó a su esposa, Anna Magdalena
Wilcke (1701-1760) quien, por las indigentes condiciones que atravesó, se vio obligada a vender la mayoría de sus bienes. Sin embargo, conservó la Biblia de Calov hasta su muerte, acontecida diez años después, permaneciendo en posesión de su familia hasta 1809, año en que en Leipzig muere en medio de la pobreza la última hija de Bach, Regine Susanna (1742-1809). Posteriormente se produce un vacío de varios años, sin datos sobre su paradero, hasta que en la primera mitad del siglo XX reapareció en casa del granjero Leonard Reiche, adquirida por su padre en 1847 y, presumiblemente, llevada desde Sajonia en alguna de las numerosas corrientes migratorias entre 1830 y 1840.
        Pese a los datos historiográficos familiares y los acontecimientos relativos al hallazgo, en la comunidad de estudiosos hubo un serio debate sobre si fue Bach el que escribió directamente en aquella Biblia editada por Calov. Tal vez otras manos que la tuvieron en su poder podrían haber agregado sendas inscripciones. Sin embargo, el artículo que escribió Trautmann en la revista Musik und Kirche y que llamó la atención de investigadores de todo el mundo, tuvo consecuencias tanto positivas como negativas. Contar la historia de la Biblia de Bach y ofrecer una descripción general de sus volúmenes fue una contribución muy importante; pero algunas de sus opiniones originaron serias dudas sobre su autenticidad. Sin un estudio científico y pormenorizado de la escritura no podía asentarse ninguna convicción.

            8- La autenticación

        Trautmann aceptó como auténticos los cuatro comentarios que relacionan la música con el culto y todas las entradas hechas con tinta roja; pero sobre la mayor parte de los escritos y anotaciones planteó una gran duda. Lo que hacía el asunto especialmente complejo era el hecho de que sólo muy pocas anotaciones eran escritos caligráficos, pues la mayor parte eran subrayados y comillas marginales. La insinuación de Trautmann de que sólo unos pocos pasajes eran atribuibles a Bach y que la identidad del escritor nunca podría conocerse a ciencia cierta puso la Biblia de Calov en un estado de eterno suspense.
        La situación parecía alargarse por la sencilla razón de que todo eran opiniones suscitadas por impresiones genéricas sin una base científica que las respaldase. Tal era la complejidad, que Alfred Mann (1917-2006), director del Bach Choir de Bethlehem, en Pensilvania, y secretario de la filial norteamericana de la Neue Bach-Gesellschaft, recientemente formada, le encomendó a Howard H. Cox (1924-2022), profesor emérito de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico Moraviano de Bethlehem, Pensilvania, realizar una serie de análisis de la Biblia de Bach en representación de la filial.
        Mann envió una copia en microfilm de la Biblia a Cox, y también una copia del artículo de Trautmann. La primera mirada a la Biblia de Bach dejó a Cox bastante desconcertado. Como muchos otros entusiastas bachianos, supuso que encontraría en las Nota Bene vestigios del pensamiento del compositor. El bibliotecario del Concordia Seminary ya le había comentado que de tanto en tanto músicos locales iban a la biblioteca para ver la Biblia de Bach con la esperanza de encontrar alguna insinuación que se relacionara con una u otra de sus obras musicales. Y aunque no se pueda verificar con certeza, un comentario sí que se podría relacionar con una composición musical.
        La Nota Bene adjunta a Éxodo 15:20: Erstes Vorspsiel. auf 2 Chören zur Ehre Gottes zu musicieren (Primer preludio, para ser interpretado por dos coros para la gloria de Dios), invita a asociarlo con el motete de Bach, titulado Singet dem Herrn ein neues Lied (Cantad al Señor un cántico nuevo), puesto que el motete está escrito para doble coro. El Canto de Miriam, después de que los israelitas cruzaran milagrosamente el mar, empieza con las palabras: Singet dem Herrn. Sin embargo, la dificultad para su aceptación es que la nueva cronología designa el año 1727 como fecha de composición del motete; es decir, seis años antes de que Bach pudiera haber escrito 1733 al lado de su firma en la Biblia de Calov. La pregunta que queda en el aire es si Bach podría haber escrito el Nota Bene a modo de posdata.

        Los otros tres comentarios sobre música son de carácter general y relacionan la música con el culto. También hay un comentario geográfico en el cual Bach menciona un distrito de Erfurt llamado Schwerborn. Pero aparte de estas referencias, todas las anotaciones se relacionan específicamente con la Palabra, mostrando que el interés del anotador estuvo en el texto bíblico o en el comentario teológico.

            9- El laboratorio

        Ante la magnitud de la empresa, lo importante era acercarse al estudio de los escritos a mano en la Biblia de Calov sin ideas preconcebidas, buscando encontrar la verdad más absoluta. Por esta razón, Howard H. Cox decidió que, en lugar de seguir los pasos de Christoph Trautmann, empezaría un estudio nuevo del texto, usando a Trautmann sólo como una referencia. De esta manera comenzó a compilar una lista de las páginas que tenían anotaciones, para clasificarlas por categorías y poder evaluar sus valores intrínsecos.
        Durante un periodo de casi cuatro años recorrió una y otra vez las 4.355 páginas del microfilm, examinando cada una meticulosamente. De hecho, cada vez que recorría la película, encontraba anotaciones que no había visto previamente. A cada paso que daba, más convencido estaba de que el asunto de la autenticidad era prioritario, y que, dada la sustancia material de la fuente, era evidente que la única manera de encontrar una solución al problema consistía en un análisis de las tintas capaz de relacionar los subrayados con la escritura de las notas marginales.
        Cox no sabía si tal tipo de análisis había sido alguna vez realizado, pero asumió que era posible, bajo la premisa de que la ciencia puede resolver cualquier problema técnico. Sin embargo, pronto descubrió que el análisis de tinta de documentos históricos no se había intentado nunca. En la búsqueda de un laboratorio capaz de realizar los análisis de tinta, su primer contacto fue con el Museo Winterthur en Delaware. Había aprendido de su hijo, un museólogo restaurador, que los grandes museos tenían laboratorios desarrollados con métodos muy sofisticados para examinar objetos. Winterthur tenía tal laboratorio y el especialista con quien habló había hecho investigaciones sobre papel, pero nunca había analizado tintas. Sugirió, entonces, a un investigador privado en Washington, experto en trabajos para el FBI. Así comenzó una búsqueda de laboratorios capaces de efectuar análisis de tinta que, al cabo de tres años de infructuosos intentos, dio resultado.
        Otras instituciones contactadas incluyeron el Instituto Smithsoniano, el Departamento de Comercio de los E.E.U.U., la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego, los Archivos Nacionales, la Biblioteca del Congreso, el Museo Metropolitano de Arte, los Laboratorios de Walter McCrone y Asociados, la Universidad de Lehigh y la Universidad de Washington. Lamentablemente, una de las instituciones contactadas —la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de fuego — que disponía de un especialista en análisis de tinta para la investigación que se necesitaba, estaba restringida por ley a investigaciones forenses, de manera que esa puerta se cerró.
        En la primavera de 1982, Cox entró en conversaciones con los Laboratorios McCrone en Chicago, empresa que había examinado el Sudario de Turín. Finalmente, un día recibió la llamada de un profesor de la Universidad de California que lo conectó con el Laboratorio Nuclear Crocker, donde habían hecho pruebas de tinta de imprenta de una Biblia de Gutenberg y de otros incunables, pero todavía no habían experimentado con tinta manuscrita. En consecuencia, se hicieron las gestiones necesarias para transportar la Biblia de Calov y hacer pruebas en el laboratorio.
        El proceso analítico del Laboratorio Crocker era totalmente no destructivo. Disponía de un ciclotrón generador de un rayo de protones que, al atravesar un milímetro cuadrado de tinta y papel, produce radiografías de los mismos. La lectura de la radiografía resultante se envía a una computadora que proporciona un análisis
inmediato del espectro en términos de composición elemental cualitativa y cuantitativa. La técnica se conoce como ‘PIXE’ o emisión de rayos X inducida por partículas.
        Las copias impresas de la computadora incluyeron la lectura de diecinueve elementos, desde el sodio en el extremo ligero de la tabla periódica hasta el plomo en el extremo pesado. Los elementos pesados más estables fueron más útiles para los propósitos comparativos. Las unidades listadas son cantidades infinitesimales que se acercan a los nanogramas (billonésima parte de un gramo). Por medio de la computadora se procesaron los datos revisando las cantidades absolutas y las proporciones.
        En total se tomaron 152 muestras, 91 de las cuales eran de tinta manuscrita negra a fin de investigar la autenticidad de las anotaciones escritas. La Biblia de Bach se convirtió así en el primer documento histórico en el que se probó tinta manuscrita con propósitos de investigación. De las 91 muestras de tinta negra, 57 correspondían a escrituras marginales; las otras 34 pertenecían a subrayados y comillas. Asimismo, se estudiaron otros manuscritos de Bach, catalogando ejemplos paralelos. Sin embargo, para presentar pruebas convincentes, se estimó recurrir al juicio de un experto en la escritura autógrafa de Bach. Por consiguiente, las 57 muestras fotográficas disponibles se llevaron al Archivo Bach de Leipzig, donde su director, Hans-Joachim Schulze (1934-), las dividió en tres grupos: 36 que eran definitivamente de Bach, 10 que eran probablemente de Bach y 11 que posiblemente fueran de Bach.
        Al retornar de Leipzig, el nuevo material fue analizado y todo empezó a tomar su lugar: la escritura caligrafiada, los subrayados y las comillas pertenecían al mismo tipo de tinta; lo mismo sucedió con el caso de los tres grupos de Schulze. Por consiguiente, las conclusiones indicaban con gran probabilidad que todo el material escrito en la Biblia de Calov provino de la mano del compositor de Eisenach. Por lo tanto, se podía certificar que aquella Biblia datada en 1733 había pertenecido a Johann Sebastian Bach, quien también escribió de su puño y letra numerosos apuntes.

            10- La voz

        Detrás de los escritos de Bach en los márgenes de su Biblia está la voz del creyente, del músico, del marido, del padre, del hombre. Su voz es audible en las palabras que no escribió para nadie, sino para él mismo. Por lo tanto, debemos considerar su Biblia como un documento absolutamente privado. Bach habló consigo mismo y se expresó en su intimidad sin realmente pensar que nadie lo leería o analizaría. Raramente los investigadores han tenido un documento histórico semejante, exento de toda influencia externa.
        Bach anotó privadamente unos principios espirituales y teológicos representados en su música sacra y en sus cartas. Las Notas Bene más numerosas se encuentran en el Antiguo Testamento, especialmente en el Pentateuco y, aparte de los libros históricos y sapienciales, en los libros proféticos de Isaías, Ezequiel, Daniel y Joel. Esto permite deducir que Bach siempre relacionaba las profecías del Antiguo Testamento con su realización en el Nuevo Testamento.
        También hay marcas en los Salmos de David y los Proverbios de Salomón y en los textos que se refieren a la construcción de los templos, el Arca de Noé, el origen de la Iglesia, el Tabernáculo de Moisés y el Templo de Salomón, destacando que «todas estas construcciones fueron hechas según medidas dadas por Dios». En este apunte riguroso de subordinación prácticamente matemática a Dios se aprecia el pensamiento de Bach: una obediencia incondicional a las directrices divinas. Por esta razón escribió en el margen de 1ª Crónicas 28:21: «Maravillosa evidencia de que, aparte de otros tipos de adoración, la música en particular fue ordenada por el Espíritu de Dios a través de Davi». O al lado de 1ª Crónicas 25:7-31: «Este capítulo es el verdadero fundamento de toda la música sagrada, etc.». Su arte de fuga, tan matemático como creativo, también refleja la admisión absoluta y clarividente del orden divino.
        Johann Sebastian Bach era una persona ordenada, metódica, de costumbres sistemáticas y prácticas exigentes consigo mismo. Y ese comportamiento se manifestó en la aceptación del orden divino como esencia vital de conducta y proceder. En muchos episodios de su vida se observa un carácter adusto, firme en sus convicciones, incluso hasta llegar a cierta intransigencia. Las inscripciones de su puño y letra en su Biblia de cabecera delatan una fe entregada y dependiente de la gracia de Dios, como el apunte al margen de 2ª Crónicas 5:13: «En la música devocional, Dios está siempre presente con su gracia». Es aquí donde Bach describe la gracia de Dios como el aceite santo que resguarda el alma de las fricciones de la vida, identificando el doble sentido de la alabanza: una expresión profunda de gozo y agradecimiento a Dios y la respuesta divina con su gracia.

            11- Las deducciones

        Para redactar en un solo documento todo lo que Bach escribió y marcó en su Biblia de Calov se necesitaría un libro de centenares de páginas. Sin embargo, hay tres aspectos que pueden deducirse de sus anotaciones y que podrían resumirse en los siguientes epígrafes:
        Primeramente, el orden providencial de Dios. Es decir, esa magnífica disposición, equilibrio y armonía divina que ordena la vida de quien confía en Él.
        Como segundo aspecto, la vocación musical de Bach como un llamado divino. Esto es, la comprensión y aceptación de que sus talentos y dones debían ser puestos a los pies de Dios como una respuesta obediente y eficiente.
        Y, en tercer lugar, su determinación en establecer una música eclesiástica comprensible y admisible por la congregación, aceptable a Dios.
        Curiosamente, el bloque de material más marcado con subrayados está en el comentario de Calov sobre el Libro del Eclesiastés. Esto se podría interpretar en que el interés del Kantor crecía hacia una «sabiduría teológica práctica». En otras palabras, en el conjunto de actitudes por el cual el hombre confronta su vida diaria con el propósito de Dios, abarcando sus relaciones, sus valores profundos, sus emociones, el reconocimiento del gobierno de Dios por encima de los procesos históricos particulares y globales, o las corresponsabilidades sociales y aceptación del inmediato superior.
        En las cartas de Bach —perfectamente datadas por los historiadores— se pueden encontrar algunos comentarios que reflejan la idea de que Dios lo controla todo. Cuando Bach recibió su nombramiento en Weimar en 1708, solicitó su dimisión a la iglesia de Mühlhausen comunicándoles: «Ahora Dios ha dispuesto que se me presente un cambio inesperado». Y, en tiempos de desaliento en Leipzig, escribió en 1730 a su amigo de juventud, Georg Erdmann (1682-1736), una carta con los siguientes argumentos: «Quiso Dios que fuese nombrado aquí director de música y chantre de la Escuela de Santo Tomás… Me atreví con la ayuda del Altísimo, y dirigiéndome a Leipzig, rendí mis pruebas y cambié de residencia. Aquí estoy aún, por voluntad de Dios».
        Lo cierto es que estas manifestaciones podrían ser consideradas meras formalidades si no fuera por las numerosas similitudes que se encuentran en los pasajes marcados por Bach en los comentarios de la Biblia de Calov. Las siguientes frases fueron subrayadas por el Kantor:
        «Por consiguiente, quien quiera ser cristiano y llevar una vida piadosa debe aprender a soportar sus propias preocupaciones y encomendarle el mando a Dios, aprendiendo a rezar sinceramente la oración del Señor: ‘Señor, hágase tu voluntad’. Así la alegría y la tristeza, la paz y la intranquilidad, la fortuna y la desgracia, la muerte y la vida están absoluta y completamente en manos de Dios».

         De los escritos, apuntes, remarcados o subrayados de Bach en su Biblia se puede deducir, sin margen de error, que su convicción espiritual y dependencia de su Creador se trasladaba a su obra musical. Pese a que algunos historiadores han cuestionado su fe, las fugas, corales, motetes, suites, conciertos u oratorios describen una intención de expresión íntima que, aparte de que musicalmente son arte con todas las mayúsculas, espiritualmente son el reflejo de algo realmente profundo e inalterable. Es por ello por lo que posteriores
músicos y compositores honraron al Kantor de Leipzig aludiendo 
a su fe en Dios desde diferentes apreciaciones personales.

        >Robert Schumann (1810-1856): «Considero que Bach es inalcanzable, inconmensurable mediante criterios ordinarios. La música le debe tanto como la religión a su fundador».
        >Johannes Brahms (1833-1897): «Bach tiene el poder milagroso de aliviar los corazones afligidos».
        >Achille-Claude Debussy (1862-1918): «Sólo Bach adivinó la verdad eterna».
        >Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832): «Al oír la música de Bach tengo la sensación de que la armonía eterna habla consigo misma, como debió de haber sucedido en el seno de Dios poco antes de la creación del mundo».
        >Friedrich Nietzsche (1879-1888), tras escuchar la Pasión según san Mateo tres veces en una semana: «Y en cada una de ellas con el mismo sentimiento de adoración máxima. Alguien que, como yo, ha olvidado completamente el cristianismo, no puede evitar oírla como si se tratase de uno de los evangelios».
        >Emil Cioran (1911-1995): «Bach es la escalera de lágrimas por la que ascienden nuestras ansias de Dios».
        >Gustav Mahler (1860-1911): «En Bach, las células vitales de la música están unidas como el mundo está en Dios».
        >Peter Kreeft (1937-): «La música de Johann Sebastian Bach existe. Por tanto, debe existir un Dios».
        >Gilles Deleuze (1925-1995): «La música de Bach es un acto de resistencia contra la separación de lo sagrado y lo profano».


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Bibliografía:

Cox, Howard H., Editor. ‘The Calov Bible of J. S. Bach’. Studies in Musicology, No. 92, George Buelow, Series Editor. Ann Arbor: UMI Research Press, 1985.

Hans Preuss: ‘J.S. Bach der Lutheraner’. Der Lutheraner, Vol. 91 (1935).

Christoph Trautmann: ‘Calovii Schrifften. 3. Bände, aus J. S. Bachs‘. Musik und Kirche 39 (1969) pág. 145-160.

Translated as ‘J.S.Bach: new light on his faith‘. Concordia Theological Monthly 42 (1971) pág. 88-99.

Robin A. Leaver: ‘The Calov Bible from Bach’s Library‘. Journal of the Riemenschneider Bach Institute, Vol VII No. 4 (1976) pág. 16-21.

Renate Steiger: ‘Bach und die Bible‘. Musik und Kirche 57 (1987) pág. 119-126.

Howard H. Cox: ‘Bach’s conception of his office‘. Journal of the Riemenschneider Bach Institute, Vol. XX, No. 1 (1989) pág. 22-30.

Howard H. Cox: ‘The scholarly detective: Investigating Bach’s Personal Bible‘. Journal of the Riemenschneider Bach Institute, Vol. XXV, No. 1 (1994) pág. 22-30.

Gerhard Hertz: ‘Bach Sources in America Bärenreiter‘ (1984) pág. 187-195.

Mario Videla: Mario Videla El pensamiento íntimo de Bach a través de la Biblia de Calov’. Academia Bach de Buenos Aires.

Agradecimientos: a Mario Videla (1939-2023), por su colaboración en el documento y sus valiosas aportaciones en 2015. A Johannes Schilling (1954-), por la revisión documental, textual e histórica. A ambos agradecí y agradezco su sincera amistad.


© 2026 Josep Marc Laporta

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